Contagio activo

Isidora Mena

Valoras UC, Psicología P. Universidad Católica de Chile

A veces la violencia es parte permanente de la forma de convivencia. Más que una acción impulsiva o desequilibrada, la violencia puede convertirse en una herramienta social habitual, una conducta organizada y consciente, premeditada. Así cómo la convención del saludo expresa reconocimiento, la firma expresa acuerdo, la respuesta es reacción a una pregunta, la violencia puede usarse para expresar molestia. "Si no me obedeces te mato, torturo, hago desaparecer, quemo. Lo que no me gusta, lo extermino"; "Rapto y desaparece si no hacen lo que yo quiero". Violencia brutal, como moneda de trueque.

Las dictaduras son un buen ejemplo de modos de convivencia basados en herramientas sociales violentas, violando los derechos humanos de las personas. El matonaje o bullying en las escuelas es también un modo de convivencia donde se hace habitual el abuso de poder, discriminando y torturando la autoestima de otros más débiles. El llamado terrorismo es uso habitual y premeditado de la violencia para producir obediencia.

En Chile no se ha aceptado aún cambiar el lema de nuestro escudo, "Por la razón o la fuerza", por la propuesta de “Por la fuerza de la razón”. Legitima que nos representamos con un orden de convivencia en que los que ostentan el poder tiene permiso para ejercer violencia si el otro no entiende "sus" razones.

Lo que quiero decir, es que la violencia se puede convertir en una cultura. Y eso es grave. Amenaza la organización, ya sea escuela, empresa, estado, país, relación entre sociedades. Atenta contra la vida y el desarrollo.

¿Qué puede hacer uno, simple mortal escandalizado por las expresiones de estos estados de violencia? Un estado de violencia organizada es algo políticamente muy complejo de desarticular, y por lo mismo produce emociones y sentimientos agobiantes: miedo, ira, abatimiento, desolación o desesperanza. Muchos nos defendemos psicológicamente de estos sentimientos buscando formas de evadirlo o minimizarlo. Hacer algo es peligroso, no hacer nada amenaza la autoestima.

¿Hay algo que se pueda hacer?

Actuar por contagio puede ser una estrategia. Una pandemia viral de los valores, actitudes y competencias que permiten una paz activa, con justicia, inclusión y trato digno para todos. Lo primero será auto inocularse el virus en su máxima expresión. Mantener estricta vigilancia a las sutiles violencias cotidianas que uno mismo ejerce. Pedir ayuda para verlas. Paralelamente en el contexto inmediato actuar creando espacios amables, de exigente respeto, rigor en favor de la justicia, abiertos los ojos a las más leves formas de abuso. El modelaje explica el 75% del aprendizaje moral y lo podemos ejercer todos contribuyendo a la pandemia. Aparecerán ambientes de alegría, humor, cariño, y todas esas expresiones que hacen que se cuiden esos espacios controlándonos mutuamente cuando generamos humores tóxicos. Contagio activo.

Cuando en las escuelas se construyan esos ambientes, cada uno con su propia actuación, sin esperar ya que otros los produzcan, quizá, probablemente, casi seguro: se producirá una revolución hacia La Paz.

Una contribución de la Red Latinoamericana de Convivencia Escolar.