“Solo le pido a Dios que lo injusto no me sea indiferente… es un monstruo grande y pisa fuerte toda la pobre inocencia de la gente”.

León Gieco.

“¿Quién dijo que todo está perdido?… yo vengo a ofrecer mi corazón”.

Mercedes Sosa.

 

Ma. Teresa Prieto Quezada

José Claudio Carrillo Navarro

Cuando la esperanza muere, muere con ella todas nuestras ganas de seguir adelante y de creer en los otros, porque la desesperación y el desasosiego nos invaden hasta los huesos minuto a minuto de nuestras vidas.

La desaparición de los 43 jóvenes normalistas de Ayotzinapa nos ha tocado no solo la conciencia sino el alma que clama por ellos y por todos aquellos hermanos y hermanas que han caído injustamente y su silencio nos impulsa a levantar la voz, por ellos y por las muertas de Juárez, los masacrados en Acteal, los niños de la guardería ABC, los migrantes asesinados en San Fernando y tantas y tantas muertes y desapariciones en un país huérfano de Estado y de autoridad, lleno de preguntas de sepulcros y sollozos inconclusos.

Desgraciadamente hoy nos encontramos sin respuestas claras ante estos crímenes tan diversos e inexplicables, no alcanza nuestra vos para gritar y preguntar, ¿Dónde están?:

Abel García Hernández, Abelardo Vázquez Peniten, Adán Abrajan de la Cruz, Alexander Mora Venancio, Antonio Santana Maestro, Benjamín Ascencio Bautista, Bernardo Flores Alcaraz, Carlos Iván Ramírez Villarreal, Carlos Lorenzo Hernández Muñoz, César Manuel González Hernández, Christian Alfonso Rodríguez Telumbre, Christian Tomas Colon Garnica, Cutberto Ortiz Ramos, Dorian González Parral, Emiliano Alen Gaspar de la Cruz,Everardo Rodríguez Bello, Felipe Arnulfo Rosas, Giovanni Galindes Guerrero, Israel Caballero Sánchez, Israel Jacinto Lugardo, Jesús Jovany Rodríguez Tlatempa, Jonas Trujillo González, Jorge Álvarez Nava, Jorge Aníbal Cruz Mendoza, Jorge Antonio Tizapa Legideño, Jorge Luis González Parral, José Ángel Campos Cantor, José Ángel Navarrete González, José Eduardo Bartolo Tlatempa, José Luis Luna Torres, Jhosivani Guerrero de la Cruz, Julio César López Patolzin, Leonel Castro Abarca, Luis Ángel Abarca Carrillo, Luis Ángel Francisco Arzola, Magdaleno Rubén Lauro Villegas, Marcial Pablo Baranda, Marco Antonio Gómez Molina, Martín Getsemany Sánchez García, Mauricio Ortega Valerio, Miguel Ángel Hernández Martínez, Miguel Ángel Mendoza Zacarías, Saúl Bruno García.

Queremos y necesitamos escuchar sus risas, sus ilusiones, sus participaciones en clase debatiendo a Piaget o a Freire, queremos verlos preguntar cómo llegar a la comunidad más alejada en la montaña para encontrarse con niños indígenas y educarlos, en cómo sobrevivir en su familia y vida cotidiana ante situaciones adversas de pobreza, desigualdad y falta de equidad. Queremos escucharlos decir presente, estoy presente!, pero pasan los días y nos encontramos ante el silencio de la ausencia que nos lastima.

Los insultos de la industria mediática al servicio del poder nos paraliza, la Dictadura Perfecta no para en sus operaciones insulsas a la esperanza, amenazantes del sentido común y de nuestra dignidad. Ayotnizapa es hoy la razón de la memoria implacable de padres, esposas, hijos, hermanos, amigos de todos aquellos que hemos perdido inexplicablemente a un ser amado.

Estamos heridos, lastimados, dolidos y totalmente desvalidos y vulnerables por este sinsentido de la injusticia y crueldad humana, cómo curar estos sentimientos que cada día se van quedando como tatuajes vergonzosos ante una autoridad que debería ser garante de protección y cuidado.

A pesar de ello la compasión y el amor al semejante aunado a la justicia, la solidaridad, y la paz social son valores fundamentales que no queremos que se clausuren, como formas de convivencia y supervivencia de la especie debemos pensar en el fomento a la recuperación de sentido, de comunión y reconciliación social en un país en el que unos cuantos se han encargado de desmantelar, de asesinar no sólo a las personas, sino junto a ella la posibilidad de vivir sin miedo, de mirarnos en contextos de equidad y fraternidad solidaria.

Creemos y seguiremos creyendo, en que nuestros jóvenes ahí están, donde quiera que se encuentren, seguiremos apostando junto a todos aquellos que se niegan y continuarán luchando por tener una vida digna, salvaguardando con ello, el derecho inalienable de un horizonte de justicia plena, en un contexto de convivencia de paz y democracia.

Una colaboración de la Red Latinoamericana de Convivencia Escolar. Diciembre 2014.