¿En qué fallamos?

Neva Milicic.

Profesora Titular Escuela de Psicología Universidad Católica de Chile

 

La desaparición y eventual asesinato de los estudiantes mexicanos horroriza por lo que implica de sadismo y corrupción. Lo más doloroso, es que sabemos que el crimen y los delitos organizados están presentes en muchos países y que los mecanismos para enfrentarlos son insuficientes.

Entonces cabe preguntarse: ¿En que hemos fallado para que esto suceda? Para que desaparezcan 43 jóvenes, tienen que haber muchos involucrados. ¿Qué falló en la educación de quienes fueron autores intelectuales y materiales de este delito? ¿Qué estamos haciendo para prevenir estos crímenes? ¿Qué estamos haciendo para promover mejores niveles de salud mental en la población?

Si se quiere tener una sociedad más justa, más armónica, con menos problemas de convivencia, parece indispensable que la formación de buenas personas, equilibradas emocionalmente, con consideración por los otros y con conductas prosociales, es un imperativo que se debe repensar la escuela.

La escuela, junto con la familia, no es sólo el lugar donde se aprenden matemáticas o ciencias, sino que es el lugar donde se forman personas. ¿Cuánto espacio hay en el curriculum de los profesores para el desarrollo de las competencias emocionales de ellos y de sus alumnos? Ciertamente un profesor bien formado puede hacer la diferencia en que un niño o niña se construyan una narrativa positiva de sí mismo y en la formulación de proyecto de vida personal.

El sistema educativo necesita tener la capacidad de desarrollar el potencial emocional de los niños, desarrollar su capacidad de empatía y autorregulación y contar con las competencias para visualizar cuando un niño requiere de ayuda adicional, porque puede estar comenzando una trayectoria que podría derivar en situaciones de riesgo social.

Repensar la educación inicial de los profesores y la educación continua, desde el punto de vista del aprendizaje emocional y ético , parece ser un imperativo si se quiere formar buenas personas, prevenir problemas de salud mental y promover competencias emocionales que favorezcan una convivencia pacífica.

Una colaboración de la Red Latinoamericana de Convivencia Escolar. Diciembre 2014.