¿Por dónde empezar?

María del Carmen Villa Montaño

Violencia, abuso, muerte, temas de horror que nos rodean a diario ¿Por dónde empezar?

En los últimos meses se terminó de levantar el telón que trataba de mantener oculta la tragedia de nuestro país y los hechos de Guerrero, de todos conocidos, inundaron la escena nacional en las calles, la pantalla televisiva de los hogares, las redes sociales electrónicas, las primeras planas, las aulas universitarias, toda nuestra cotidianidad.

Hemos leído y escuchado magníficos análisis sociopolíticos e históricos que nos ayudan a entender la situación actual, la movilización social en protesta y las posibilidades de acción, y ahora es momento de incluir un aspecto básico que puede parecer ingenuo o fuera de lugar: El ámbito familiar, ese núcleo primario donde se gestan los valores fundamentales de la convivencia humana y con ello la posibilidad de regenerar el tan manido tejido social.

Los esfuerzos en la educación para una convivencia sana, constructiva que permita el desarrollo de una sociedad justa y democrática, deben iniciar en el hogar y ser reforzados en la escuela desde sus primeros años para mantenerse como una cultura instalada que se autoenriquezca. Si bien los resultados no son inmediatos si garantizan la transformación del país en el mediano y largo plazo.

El hogar debe ser el refugio seguro y amoroso por excelencia, donde la persona aprenda y viva el aprecio por la vida, el valor de las personas, el cuidado mutuo, la equidad y el respeto por el otro. Actualmente las cifras de violencia en el hogar nos indican que en gran medida esto no sucede: 46.1% de las mujeres han sufrido violencia en su relación conyugal y el 29% de ellas considera que la violencia es un asunto privado de la familia1. Difícilmente vamos a alejarnos del panorama actual de violencia y destrucción sin cambiar las dinámicas de la convivencia en los hogares, si en ellos se vive el abuso del poder, el sometimiento, la humillación.

No basta con decir no a la violencia en los hogares; si bien es el primer paso, el siguiente debe incluir el cómo, el sí: Desde la amabilidad y consideración como puerta de entrada para el respeto, la disposición para escuchar y comprender, la posibilidad de dar y pedir ayuda, la confianza para expresar las diferencias, la capacidad de resolver conflictos y hacer acuerdos que favorezcan a todos, hasta la expresión confiada de los sentimientos y el amor por los otros.

Es necesario reeducarnos como sociedad en el aprecio por la vida y el respeto al otro. Hagamos uso de todos los recursos posibles: escuela, redes sociales, medios de comunicación, ámbitos de trabajo, servicios asistenciales, para generar un cambio de actitud. Se requiere de mensajes explícitos, de una revisión continua de las interacciones en la familia, la escuela y el trabajo, así como del modelaje y acompañamiento por agentes sociales capacitados, para generar la riqueza humana que transforme nuestro país, dando así lugar a la vida y a la paz que todos deseamos y merecemos vivir.

 

Una contribución de la Red Latinoamericana de Convivencia Escolar. Enero 2015